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A todas las que fui

enero 15, 2019

A todas las que fui un día. Gracias❤

A mis partes ya muertas. Gracias❤

A mi pasado ya cumplido. Gracias❤

A mis partes olvidadas que dejé en lugares que ya no recuerdo. Gracias❤49845009_10217691908951509_932029579931942912_n

A mis partes que alguna vez se quebraron en miles de pequeños trozos que jamás encontré de nuevo. Gracias❤

A mis partes vacías que alguna vez intenté llenar con distracciones, apegos y obsesiones. Gracias❤

A mis partes frustradas y enfadadas por los deseos jamás cumplidos. Gracias❤

A mis partes que ya no van conmigo y ya ni siquiera me hacen sentido. Gracias❤

A mis partes que no quise ni pude abrazar. Gracias❤

A mis partes que no se atrevieron a marcar límites por miedo a no ser aceptadas. Gracias❤

A mis partes que alguna vez se maltrataron y dejaron maltratar por otros. Gracias❤

A mis partes que no creyeron en sí mismas. Gracias❤

Hago hoy un requiem para su despedida. Agradeciendo su tránsito en mi vida, pues es a todas esas versiones de mí que agradezco tanto. Hoy despido y libero en absoluta rendición a todo lo que ya cumplió su tiempo.

Es gracias ❤ a todas mis pequeñas muertes que hoy hay un nuevo espacio para la oportunidad, la vida y la creación.

Gracias ❤ vida y gracias muerte por danzar armoniosamente ante mí. Hoy celebro la vida y canto fuerte ante este nuevo nacimiento. Y a mis partes ya muertas, las abrazo, las amo, las honro, agradezco y despido, pues fueron lo que mejor pude hacer por mí en aquel momento y lugar, por lo tanto no las critico, sino que les rindo todos mis honores.

Es por ello que hoy más que nunca siento que puedo volver a nacer, y como la primera vez renazco desnuda y sin corazas, nuevamente como una mujer de loto, las corazas ya no son necesarias, por lo que doy una nueva bienvenida a  la autenticidad en toda su luz. Y desde esa ingenuidad me permito nuevamente abrazar la vida, hoy más fuerte que antes, para dar mi primer aliento vital en este nacimiento.

Querida y amada versión antigua.

Ya cumpliste tu rol

Gracias ❤

Hasta siempre.

Autor Desconocido. Regalo de Vanessa Karla Hay.

 

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Ojalá

enero 8, 2019

img_3371Que tus despertares te despierten.
Y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme.
Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque “solo” se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento durante el día , aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y agradecer, por el milagro de la salud, ese misterio y fantástico equilibrio interno.
Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.
Y que tus brazos, abracen.
Y que tus besos, besen.
Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el día.
Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio.
Y que no te creas más que nadie, porque, solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.
Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio, y que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantariamos de alegría al tomar conciencia de ello.
Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos acoge, nos abraza y nos bendice.

 

Anclarse a la vida

enero 4, 2019

Anclaje es un término con un significado amplio. Existen tantos tipos de anclajes como existen necesidades de anclar, fijar o sujetar cosas.

La técnica del anclaje es una de las técnicas de Programación Neurolingüística que ayudan a situarse en un estado emocional en concreto. Inconscientemente, a menudo estamos expuestos a anclajes, por ejemplo, podemos escuchar una canción y tener un estado emocional determinado porque esa música nos recuerda a alguien o alguna situación. Al escuchar esas notas, nuestras emociones retornan al estado en el que estaban cuando oímos esa canción.

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También al oler un perfume o aroma podemos recordar algo del pasado y entrar en el mismo estado emocional que tuvimos. Si por ejemplo, una situación negativa tuvo un olor en concreto, si luego volvemos a oler el mismo aroma en otro sitio agradable, sentiremos malestar porque ya tendríamos el anclaje anterior y ese olor estará vinculado a negatividad.

El origen del estudio y de la importancia de los anclajes se remonta a Iván P. Pavlov, psicólogo y fisiólogo ruso ganador del Nobel de medicina en 1904. Los anclajes para Pavlov eran la asociación de un estímulo (una campanilla) a una respuesta fisiológica (salivación). Esto se producía por la asociación conductual llamada reflejo condicionado.

“Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces.” -Marco Valerio Marcial-

Con el tiempo, igual que todo el mundo, he desarrollado anclajes naturales, pero también he “forzado” la creación de anclajes cuando he sentido que necesitaba una ayuda adicional para recordarme a mí misma lo que quiero pensar o lo que quiero sentir, en esas situaciones en las que corro el riesgo de no poder acceder a mis recursos personales.

Por ejemplo, me tatué una frase en Euskera en el brazo, allí donde siempre puedo verla, porque a veces puedo ser muy mental y olvidar que la verdadera sabiduría está en el corazón (Beti bihotzetik = siempre desde el corazón). En mi despacho tengo desde hace casi 15 años una estrella de mar, que me recuerda que es bueno tener los pies en la tierra pero mirar siempre hacia arriba (adelante), y que puedo reponerme de cualquier situación, con la misma residencia que este animal cuyos miembros se reproducen cuando se le amputan.

IMG_0324.jpgHoy he recurrido a un objeto como anclaje también. Algo muy especial para mi. El bolígrafo que me regaló mi padre cuando cumplí 40 años. Fuimos a comprarlo juntos. Le dije que quería algo que pudiera conservar siempre. Papá estaba muy débil y yo tenía miedo de que no me viera cumplir los 41. Lo grabamos con mi nombre. Me emocionó porque me comprometí a firmar cada documento importante del resto de mi vida con él.

Nunca lo llevo encima. Está en su caja guardado para cuando tenga que sellar mi nombre en un acontecimiento señalado. Como hoy, al firmar la escritura de venta del que fue mi hogar soñado, en el que se construía la visión de envejecer con mi entonces marido y un día dedicarme a sembrar y cuidar un huerto. Yo misma renuncié a ese sueño, pero no deja de ser el último paso simbólico para cerrar una importante etapa de mi existencia.  Mi padre estaba conmigo. Lo hubiera estado con bolígrafo o sin él. Pero empuñarlo me ha dado mucha fuerza y optimismo para seguir adelante, su presencia se ha hecho más sólida, le sentía de pie detrás de mí con su mano en mi hombro, y me decía, como decía siempre para dar ánimos: “¡Ándale!

No sé porqué, al escribir esto me ha venido a la mente un poema de Rudyard Kipling que copié en la adolescencia. Lo comparto y me despido por hoy.

 

Si guardas en tu sitio la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida. Si crees en ti mismo cuando todos dudan de ti, y aún así no rechazas las dudas que ellos tengan. Si engañado, no engañas.  Si puedes esperar y no cansarte en la espera. Si no buscas más odio que el odio que te tengan. Y aún así no te las das de bueno ni de sabio. Si eres bueno, y no finges ser mejor de lo que eres. Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.   Si sueñas, y tus sueños no te hacen ser su esclavo.  Si piensas, y rechazas lo que piensas en vano. Si puedes encontrarte con el triunfo y con el fracaso, y tratar del mismo modo a esos dos impostores.

Unknown.jpegSi vuelves al comienzo de tu obra perdida, aunque esa obra sea la de toda la vida. Si arriesgas de un golpe y lleno de alegría las ganancias de siempre a la suerte de un día. Y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea. Sin decirle nada a nadie de lo que es, ni de lo que era.  Si logras que tus nervios y tu corazón te asistan, aún después de la fuga de tu cuerpo en fatiga; y se agarren contigo cuando no quede nada, porque lo deseas, y lo quieres y mandas. Si puedes hablar con el pueblo y guardar tu virtud, o marchar junto a reyes sin alzarte de orgullo. Si nadie que te hiera llega a verte la herida.  Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.  Si eres capaz de llenar un minuto,  inolvidable y cierto, de sesenta segundos que merezcan la pena…

Todo lo de esta tierra será de tu dominio. Y mucho más aún, serás hombre, hijo mío.

 

Las heridas del pasado

enero 2, 2019

abrazoHe leído el libro “Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus” al menos media docena de veces. A veces me limito a repasar un capítulo concreto. Me parece la Biblia que ayuda a comprender las relaciones personales, y en concreto las relaciones de pareja.

Recientemente, me ocurrió que volví a leer el último capítulo. Curiosamente, conocía los conceptos más que de sobra, pero había olvidado por completo que éstos se contemplaran en él. Por desgracia, conocer los conceptos no siempre implica que tengamos el grado de presencia necesario para detectarlos cuando aparecen.

Cuando estamos disgustados con nuestra pareja, aproximadamente el 90 por ciento del disgusto tiene que ver con nuestro pasado y nada que ver con lo que creemos es su causa. En general, sólo el 10 por ciento aproximadamente de ese disgusto tiene relación con la experiencia del momento.

Veamos un ejemplo: si nuestra pareja se muestra un tanto crítica en su relación con nosotros, puede herir un poco nuestros sentimientos. Pero al ser adultos, somos capaces de comprender que no es su intención criticarnos, o bien ver que ha tenido un mal día. Esta comprensión impide que sus críticas sean excesivamente dañinas. No nos las tomamos en sentido personal.

Pero otro día, en cambio, sus críticas nos hacen mucho daño. Esos días, nuestros sentimientos heridos del pasado están camino de la superficie. Como consecuencia, somos mucho más vulnerables a las críticas de nuestra pareja. Éstas duelen mucho porque, cuando niños, éramos objeto de severas críticas. La crítica de nuestra pareja duele más porque dispara también nuestro dolor del pasado.

Cuando niños no podíamos comprender que éramos inocentes y que la negatividad de nuestros padres era problema de ellos. En la infancia nos tomamos personalmente todas las críticas, los rechazos y las culpabilizaciones.

Cuando surgen esos sentimientos no resueltos de la infancia, interpretamos fácilmente los comentarios de nuestra pareja como crítica, rechazo o culpabilización. Es difícil en esos momentos tener conversaciones maduras. Todo se interpreta mal. Cuando creemos que nuestra pareja nos está criticando, el diez por ciento de nuestra reacción tiene relación con los efectos de estas críticas y el noventa por ciento con nuestro pasado.

Imagina que alguien te da un golpecito en el brazo o choca ligeramente contigo. El daño no es muy grande. Imagina ahora que tienes una herida abierta o una llaga y que alguien empieza a hurgar en ella o choca contigo. Duele mucho más. Del mismo modo, cuando surgen sentimientos no resueltos somos excesivamente susceptibles a los golpes y choques que se producen normalmente en las relaciones.

Es posible que, al comienzo de una relación, no seamos tan susceptibles. Nuestros sentimientos del pasado tardan en surgir. Pero cuando surgen, reaccionamos de otro modo ante nuestras parejas. En la mayoría de las relaciones, el noventa por ciento de lo que nos disgusta no nos afectaría si no fuera porque surgen nuestros sentimientos no resueltos del pasado.

Una de las paradojas de las relaciones afectivas es que, cuando las cosas van bien y nos sentimos amados, podemos de repente comprobar que nos distanciamos emocionalmente de nuestras parejas o reaccionamos de maneras poco afectuosas. Quizás te suenen algunas de estas situaciones:

  1. Es posible que sientas un gran amor por tu pareja y de pronto, de la noche a la mañana, despiertes sintiéndote fastidiado y resentido con él o ella.
  2. Eres afectuoso, paciente y tolerante y de repente, al día siguiente, te vuelves exigente o insatisfecho.
  3. No te ves a ti mismo si no es amando a tu pareja y luego, al día siguiente, tenéis una discusión y de pronto os ponéis a pensar en el divorcio.
  4. Eres feliz con tu pareja y luego, súbitamente, te sientes inseguro acerca de la relación o impotente para obtener lo que necesitas.
  5. Eres generoso con tu amor y luego, de repente, empiezas a retirarlo, juzgar, criticar, controlar o enfadarte.
  6. Te sientes atraído hacia tu pareja y luego, cuando él o ella establece un compromiso, pierde su atractivo o encuentras más atractivos a otros.
  7. Te sientas a gusto contigo mismo y con tu vida, y luego, de pronto, empiezas a sentirte indigno, inadecuado o insatisfecho.
  8. Has pasado un día maravilloso y estás esperando ver a tu pareja, pero, cuando la vez, algo de lo que tu pareja te dice te hace sentirte decepcionado, deprimido, asqueado, cansado o distante emocionalmente.

 

Estos cambios repentinos confunden y, sin embargo, son frecuentes. Si no entendemos por qué se producen, podemos creer, equivocadamente, que nuestro amor ha muerto. Afortunadamente, hay una explicación.

El amor saca al exterior nuestros sentimientos no resueltos. Un día nos sentimos amados y, al día siguiente, de pronto, tenemos miedo de confiar en el amor. Los dolorosos recuerdos de rechazo empiezan a salir a la superficie cuando nos enfrentamos a la necesidad de confiar y aceptar el amor de nuestra pareja.

Siempre que nos amamos más o somos amados por los demás, los sentimientos reprimidos tienden a surgir y a ensombrecer momentáneamente nuestra conciencia afectiva. Surgen para ser curados y liberados. Y puede que nos volvamos de repente irritables, defensivos, críticos, resentidos, exigentes, insensibles o coléricos.

Sentimientos que no pudimos expresar en nuestro pasado inundan de pronto nuestra conciencia cuando estamos en situación de sentir sin peligro. El amor derrite nuestros sentimientos reprimidos y, poco a poco, estos sentimientos no resueltos empiezan a abrumar nuestra relación.

Es como si nuestros sentimientos no resueltos esperaran hasta que nos sentimos amados para entonces surgir y ser curados. Nos paseamos todos por ahí con un fardo de sentimientos no resueltos, las heridas de nuestro pasado que yacen dormidas dentro de nosotros hasta que llega el momento en que nos sentimos amados. Entonces, cuando podemos ser sin peligro nosotros mismos, surgen los sentimientos heridos.

Si podemos tratar con éxito estos sentimientos nos sentiremos mucho mejor y daremos más vida a nuestro potencial creativo y afectivo. Pero, si iniciamos una pelea y culpabilizamos a nuestra pareja en lugar de curar nuestro pasado, lo único que conseguiremos es disgustarnos para luego reprimir de nuevo los sentimientos.

El problema estriba en que los sentimientos reprimidos no vienen y dicen: “Hola, soy tus sentimientos no resueltos del pasado”. Si empiezan a surgir tus sentimientos de abandono o rechazo de la infancia te sentirás abandonado o rechazado por tu pareja. El dolor del pasado se proyecta al presente. Cosas que normalmente carecerían de importancia pueden llegar a doler mucho.

Nuestros sentimientos del pasado surgen de improviso, en momentos en que en realidad nos sentimos bien, felices o afectuosos. En estos momentos positivos, inexplicablemente, pueden surgir peleas en las relaciones afectivas cuando todo parecía indicar que sus miembros han de ser felices.

Unknown

Hoy empieza todo

enero 1, 2019

IMG_0274.jpgAsí se titula el cuaderno que me regaló mi querida María José Moyano el día de mi 44 cumpleaños. Cuidadosamente guardado desde entonces, hoy lo abro, lo huelo y lo saboreo, deseosa de hacerle testigo a diario de mis experiencias, esperanzas, agradecimientos y sueños.

Me disponía a escribir sobre mis deseos, propósitos e intenciones para el año que comienza. Uno de mis ritos.

Ya he hablado en antiguos posts de la importancia de los ritos. Es bueno que haya ritos.

 

“¿Qué es un rito? dijo el principito. Es algo demasiado olvidado, es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas.” Antoine de Saint- Exupery

Nos importa el rito que está lleno de amistad, de respeto, de reconocimiento, de sentido, de encuentro, de celebración, de preparar el corazón para lo que es realmente importante. No es el rito vivido como algo externo, por rutina, o por compromiso social. Sin vivirlo desde el corazón, no tienen sentido.

Pues bien. En esta tarea estaba cuando mi amigo Luis Pérez Santiago me dice que “hoy hay luna menguante y por tanto es un día para dejar ir, para pensar en las cosas que ya no quieres y dejarlas marchar, no para pedir deseos”. Que el último mensaje del año de mi amado Sergio de Miguel fuera “que el último día de 2018 te permita dejar ahí tantas cosas que quieres y has querido y que ya no necesitas“, era ya un augurio de esto sin pretenderlo.

Presa de mi capacidad de adaptación, me he ido rauda al ritual compartido anoche por mi adorada Vanessa Karla, de cuya generosidad me hago eco a continuación.

  1. Yo, consciente de mis actos, y asumiendo el control de todo lo que YO SOY, borro de mi subconsciente y del registro etérico, todo récord y memoria de cada suceso discordante que haya vivido este año.
  2. Perdono de todo corazón y olvido para siempre todo disgusto, agravio, deuda, desamor, irritabilidad, agresión, traición, maledicencia y odio que me haya causado cualquier ser humano, situación o cosa..
  3. A todos aquellos que se hayan ido de mi lado para otro grupo, trabajo o círculo de amistades, lo suelto y lo dejo ir sin reclamarle nada, dándole la plenitud de mi amor para bendecirlo y prosperarlo donde quiera que se haya ido y donde esté.
  4. Renuncio con toda entereza que mi ser tiene a todo apego de objetos, situaciones, posesiones, y sobre todo, personas. Declaro que nada ni nadie me ata a nada, y YO SOY libre, pero completamente y absolutamente libre, para entregarme, ampararme y refugiarme en mí, para siempre.
  5. Borro, borro y borro todo aquello que me haya sucedido este año que no sea un escalón dentro de mi proceso de ascensión, y hago desaparecer de mi vida todo obstáculo que me impida volar hacia la libertad, que es el estado natural de mi ser.
  6. Libre de personalidad, ego, pasado, memoria y mal karma, entrego mi corriente de vida al Servicio Único de La Luz, para que de ahora en adelante solo oiga La Luz, sienta La Luz, vea La Luz, saboree La Luz, huela La Luz, y piense La Luz, por toda la eternidad.

Así pues, dejo marchar todo lo que ya no sea útil para mi desarrollo como ser humano, y le doy las gracias de todo corazón por el espacio que deja para vivir nuevas experiencias.

De la tranquilidad de mi casa, me voy al río a dejar que se lleve la corriente las cenizas de unas cartas del perdón que esperaban su momento para liberarse. El día está soleado, y hace frío. Ya siendo los rayos en mi cara y el frescor en mis orejas y mis manos.

Los deseos y propósitos de año nuevo, serán para otra ocasión.

Tú puedes sanar tu corazón

septiembre 13, 2018

1540-1“Usted puede sanar su corazón” es el título de una obra de Louis L. Hay y David Kessler, que he revisado hoy porque ayer Diego me dijo algo que no teniendo nada que ver con eso, me recordó a un pasaje que leí en el libro. Y he ido a buscarlo:

“No todas las relaciones (añado, de la índole que sean), están hechas para durar. Unas durarán un mes, otras un año, y otras una década. Sufrirás cuando creas que la relación de un año debería haber durado cinco. Sufrirás porque pensabas que la relación de diez años debería haber durado 25. Lo mismo ocurre con los matrimonios. ¿Eres capaz de considerar que tu matrimonio fue un éxito si terminó en divorcio? Pues bien, ¿Por qué no? Puede que sea perfecto para la experiencia que necesitabais tú y tu pareja.”

Louis le da mucha importancia a las afirmaciones. Son diálogos internos personales. Por ejemplo: “Nunca más volveré a amar a nadie”, puede crear una realidad. Pero lo más importante es que no te aportará nada como persona, ni aliviará tu sentimiento de pérdida. Otros pensamientos más positivos son: “He vivido un amor muy intenso en mi vida”, “Cuando recuerdo mi capacidad de amar, mi corazón recupera la alegría”. Es mucho más bonito honrar el amor que honrar el sufrimiento.

¿No te parece fantástico que cuando termina una relación (del tipo que sea), simplemente pudierais decir la mano y decir: “Gracias, ha sido estupendo”, y que cada cual siguiera su camino? O quizás: “Gracias, he aprendido muchas cosas de esta experiencia”, o “¡Qué intenso ha sido lo nuestro! ¡Qué capítulo tan extraordinario de mi vida!

Cuando una relación termina, comienza una etapa de introspección en tu vida. Un momento para volver a crear, reformar y crecer. Si una persona te abandona, simplemente es que no era la persona adecuada para ti.

Muchas veces tratamos de idear o diagnosticar nuestros procesos internos y cambiar nuestras lecciones, pero la vida nos da sabiamente lo que necesitamos en cada momento. Cada relación es una experiencia que nos ha sido asignada con carácter exclusivo, tanto si teníamos que estar en ella una semana, un mes o una década.

Y esto se entronca con la ley del espejo (pero de esa ley hablaré otro día). Las personas que tienen relaciones íntimas suelen compartir los mismos aspectos, pero a la inversa. Lo semejante suele traer a lo semejante, pero a la inversa. En términos mundanos, se podría decir que uno hace las crepes y otro se las come. Los dos piensan que es el otro el que tiene un problema y que no sabe cómo afrontarlo. Pero lo cierto es que cada uno es perfecto para el otro en ese momento de sus vidas y en esa relación.

Es bastante habitual que uno de los dos miembros de la pareja se sintiera abandonado en la infancia y el otro se sintiera demasiado controlado. Al llegar a la edad adulta, uno se convierte en el “necesitado” y el otro en el “distante”, y no es extraño que estas personas acaben encontrándose y saliendo juntas. Aunque parezca un poco exagerado, lo cierto es que muchos de nosotros tenemos un poco de ambos.

Mientras que el abandonado (necesitado) suele temer que su pareja le abandone, el que tiene problemas de control (distante) teme que quieran controlarle en exceso en su relación. Como el universo une mágicamente a esos dos tipos de personas para que se ayuden a sanar mutuamente.

Cuando las personas tienen problemas de control, suelen volverse distantes e introvertidas, hecho que como no podría ser de otro modo, despierta el tema del abandono en su pareja. Pero lo cierto es que no están siendo controladas. Únicamente están siendo esclavas de su pasado y están siendo controladas por el mismo. Cuando estas personas discuten y se sienten controladas, suelen estar viviendo en su pasado, y lo cierto es que han perdido el control, pero no por su pareja, sino por su pasado.

Las personas con problemas de control se curan reconociendo su libertad y dándose cuenta de que todas las experiencias tienen su causa y efecto. Tienen libertad absoluta para salir con otras personas y la consecuencia será que su relación no prospere. Quizás piensen que su pareja no debería esperar ser lo primero en su vida, pero el resultado puede que sea que ellas tampoco sean la prioridad en la vida de su pareja, lo que a decir verdad, tampoco sienta muy bien.

Lo mismo le sucederá a la persona con el problema del abandono. Cuando este tipo de personas se sienten abandonadas, intentan aferrarse al otro para curar su herida, lo cual a su vez despierta el problema de control de su pareja.

Todas las relaciones han sido perfectamente diseñadas para aportarnos nuestra sanación. Cuando termina una relación, reflexiona sobre todas las cosas que has aprendido para poder recibir los regalos, de lo contrario volverás a repetir la misma historia con otra persona. Al final, las personas evolucionan, aunque no necesariamente juntas.

Cuando aceptes que aquella persona era la persona correcta para ese momento de tu vida, estarás plantando semillas sagradas que te curarán de maneras que ni siquiera te puedes llegar a imaginar.

 

Aunque vivir apriete,
no abandones tu camino.

No renuncies a intentarlo una vez más
antes de darte un no definitivo.
No te prives de una nueva oportunidad,
aunque las previas no funcionaran.

Si la vida aprieta, afloja el cinturón,

pero no te apartes del camino.

Sigue por los que te antecedieron,
sigue por los que te perpetuarán,
sigue por los que te acompañan,
sigue por quien tú quieras…
pero, sobre todo, sigue por y para ti.

Vuelve a darte permiso.
Te lo mereces.

En realidad, abandonar tu camino
es abandonarte a ti mismo.
No renuncies a lo que te ofrece
sin estar seguro de haber integrado
todo lo que ya te ofreció,
todo lo que queda pendiente.
Y si te retiras, que sea para descansar,
para tomar un aliento, y volver.
Volver tan pronto como puedas.
Volver con tu todo y con tu nada.
Con tu miedo y con tu atrevimiento.

Aunque apriete, aunque no sea fácil,
no renuncies.
El camino sigue dispuesto
a encontrarse siempre contigo.
Porque, en realidad, el camino eres tú.

De Luis Bueno, en su libro: “Vive, aunque el viento despeine tus sueños”.

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Sobre delfines, tortugas y sentimiento de culpa

septiembre 11, 2018

La Rivera Maya está plagada de delfinarios. Sos piscinas saladas donde confinan un grupo de delfines que son amaestrados para saltar, jugar y desempeñar un espectáculo. Cometí el error de sucumbir a los deseos de mi hija de nadar con delfines. Su sueño hecho realidad, a costa de tener yo luego la culpa atada a los talones, y de asumir a mi pesar una fuerte incoherencia con mis valores, y con los principios que deseo inculcarle.

Los delfinarios son cada vez más controvertidos y discutidos, acusados en ciertos países de estar ligados a las capturas de estos animales en medio salvaje,  pero sobre todo de no proporcionar condiciones de cautividad adaptadas a las necesidades fisiológicas de estas especies. Es decir, se encierra a los delfines en el equivalente de una jaula acuática, y nos creemos que son felices porque vemos su cara simpática, y les vemos nadar y saltar juguetones.

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Para más “inri”, tomamos la decisión de participar en una actividad turística que consistía en hacer snorkel en una zona de playa (Akumal) donde habitan grandes tortugas.

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En idioma maya, Akumal significaba “lugar de tortugas”,  y ha sido un santuario para estos animales durante cientos de años puesto que  depositan sus huevos allí, en sus playas de aguas cristalinas color turquesa y arena fina. El snorkeling está limitado a un número de personas diarias. Y a pesar de esta limitación, he sentido esa angustia pocas veces en mi vida: la sensación de estar asediando a las lentas y apacibles tortugas.

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Pero vamos a la culpa.

Cuando uno comete un error o hace algo que daña a alguien, la lamentación y el arrepentimiento son sentimientos muy normales, que a su vez pueden influir en los cambios de comportamiento.

El sentimiento de culpa, sin embargo, va más allá que el arrepentimiento y la lamentación: nace de la terrible confusión entre el juicio sobre la valía de las personas y los acontecimientos y el juicio sobre el valor de los actos.

La culpa sirve a varios propósitos:

  • Castigarse: cuando creemos que hemos actuado de modo inapropiado, podemos castigarnos sintiéndonos culpables. La culpa duele y por tanto se convierte en el castigo perfecto. Pero el castigo no es el propósito final. Una vez que hemos pagado el precio – experimentando la culpa – somos libres de “volver a pecar”.
  • Incumplir una obligación: es el conflicto entre lo que uno piensa que debe hacer, y lo que quiere hacer.
  • Autodisculparse por actuar indebidamente: cuando uno se siente culpable, sufre. ¿Por qué va a sentirse peor intentando cambiar? ¿No hay bastante con el sentimiento de culpa? Cuando nos sentimos culpables, nos decimos a nosotros mismos que “deberíamos” haber hecho algo (o no haberlo hecho). Si pensamos que nuestro comportamiento es inadecuado, nos sentimos culpables, y nuestra culpa sirve de “excusa” para nuestro mal comportamiento.
  • Mostrar superioridad: Por ejemplo, uno se siente culpable por llegar tarde al trabajo y alguien ha tenido que hacer algo en su lugar. Sin embargo, otra persona ha hecho lo mismo y parece que le trae sin cuidado. De modo que uno piensa: ¿Qué le pasa a éste, que no le importa?¡Pues a mí, al menos, sí me importa! Pensar así significa que el propósito de la culpa es mostrarse superior a los demás.
  • Expresar “buenas intenciones que en realidad no se tienen”: si queremos aparentar bondad, impresionar a alguien o sacárnoslo de encima sin cambiar de comportamiento, la culpa puede servir a estos propósitos. Sintiéndonos culpables a menudo nos auto convencemos a los demás de que nuestras intenciones son buenas. Pero… si realmente tenemos buenas intenciones, habremos de actuar de modo diferente. Haremos lo que haga falta o convenga sin sentirnos culpables.
  • Impulsar un cambio positivo. La culpa también puede servir a buenos propósitos. Puede indicarnos que necesitamos cambiar, siempre que lo interpretemos así y tomemos decisiones positivas.

Si mantenemos una o varias de las siguientes convicciones irracionales, seremos fácil presa de los sentimientos de culpa: tengo que ser perfecto, tengo que complacer a los demás, he de tener razón, tengo que ayudar a los demás, no puedo soportar que se enfaden conmigo, tengo que llevar el control… Podemos dilucidar cómo provocamos sentimientos de culpa en nosotros examinando esos pensamientos. A menudo, los pensamientos que generan culpa son fruto de expresiones sobre la propia valía personal, tales como tengo que, debo, siempre, nunca, no puedo…

Para librarse de la culpa, hay que examinar el propósito de este sentimiento, analizar las convicciones y pensamientos, elegir unos nuevos y decidir qué se quiere hacer. Hay que tener el valor de ser imperfecto. Cuando uno lo tiene, es que está preparado para apreciar sus logros y corregir sus defectos.

Soy imperfecta, reconozco mis errores y hago firme propósito enmienda de defensa férrea en el futuro de mis valores: no gastar dinero en actividades que limitan la libertad o dañan de modo innecesario a los animales.

“Equivóquese o siéntase culpable, pero no ambas cosas a la vez; es demasiado trabajo.” Rudolph Dreikus