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Cara a cara con el miedo

junio 14, 2020

Acabo de descubrir el tercer libro más iluminador y delicioso de todos los que he leído nunca. Hoy podría decir sin duda que hay 3 libros que todo el mundo debería leer: Amar lo que es, de Byron Katie; En casa con Dios, de Neal Donal Walsh, y Cara a cara con el miedo, de Krishnananda, un discípulo de Osho.

 

El viaje que estamos a punto de emprender todos es básicamente el regreso a un espacio interior que hemos perdido, y este modelo describe el proceso para regresar.

Imagínate que estás de pie en el centro de un gran círculo dividido en tres anillos: un anillo exterior, uno medio y otro interior. Estos círculos irradian desde ti hacia afuera. Al anillo exterior le llamaremos copa de protección: este es el hogar del adulto compensado. El segundo anillo es la capa de los sentimientos y la vulnerabilidad, el hogar del niño vulnerable. Finalmente, el centro es el núcleo del ser esencial y el hogar del testigo. Allí nos encontramos con nuestra energía fluída y espontánea, y podemos mirar todo lo que sucede dentro y fuera de nosotros con amplitud y objetividad. En su forma más elevada, constituye un estado de armonía con nosotros mismos y con la vida; este es el centro que los místicos han descrito a través de los tiempos como un estado de unidad con la existencia. Nuestro viaje es para regresar a este núcleo interior.

La mayor parte del tiempo vivimos en la capa exterior, la capa de protección. Este es un estado de control donde estamos protegidos (hasta cierto punto) de nuestros miedos, y muy raramente somos conscientes de que nos encontramos allí o del por qué nos encontramos allí. Se nos ha hecho familiar y vivimos allí no por elección, sino de forma inconsciente. A menos que realicemos un trabajo interior, podemos fácilmente pasar allí la vida entera. La mayor parte de la gente lo hace.

Vivir en una capa de protección es algo seguro, conocido y sin peligro, pero es algo vacío y, eventualmente – de una forma u otra – la vida comienza a indicarnos que algo va mal. No obstante, cuando nos aventuramos a entrar en la capa de la vulnerabilidad y los sentimientos, nos asaltan recuerdos de tiempos pasados (cuando no se respetó nuestra vulnerabilidad), recuerdos y sentimientos de traición. Nos asusta ir allí debido a esos recuerdos. Una parte de nosotros hace todo lo que puede para evitar sentir ese dolor y ansiedad, manteniéndonos en el reino de lo seguro y conocido.

Otra parte de nosotros sabe que para completar nuestro viaje de vuelta al núcleo no tenemos más alternativa que investigar la capa del miedo. Una energía desconocida y misteriosa nos empuja hasta el centro, respondiendo a una llamada que proviene de nuestro ser superior, y esa parte tiene el valor para enfrentar el dolor y el miedo intrínsecos en el hecho de reclamar nuestra vulnerabilidad. Nos movemos constantemente entre esas dos fuerzas opuestas: una que nos mantiene inconscientes pero seguros, y la otra que nos inclina hacia lo desconocido y hacia una verdad más profunda.

 

La capa de protección

El propósito de esta capa es proteger nuestra vulnerabilidad. Es un escudo que hemos creado para bloquear las energías dolorosas y evitar que nos hagan daño, y es la forma en que hemos sido capaces de mantener cierto control sobre esas energías que nos acechan. Nuestra capa de protección intenta evitar que sintamos miedo o dolor. Lo conseguimos trasladando esa energía a cualquier parte: la acción, la distracción, el pensamiento, el sexo, la comida…

Desgraciadamente, hemos llegado a sentirnos tan identificados y apegados a nuestra protección que, inconscientemente, se ha convertido en nuestra forma de vida. No es algo de lo que podamos entrar o salir de forma voluntaria. Además, nuestro escudo protector también mantiene nuestra energía encerrada dentro, desconectándonos de nuestros sentimientos y del libre flujo de nuestras energías vitales y creativas.

 

La protección llama a la protección

Los conflictos que tenemos con otras personas casi siempre se producen cuando dos capas de protección chocan entre sí. A menudo nos rechazan porque nuestro acercamiento a la otra persona se produce desde el estado de protección en lugar del de vulnerabilidad. Intentamos encontrarnos el uno al otro el corazón, pero si nos encontramos en nuestra capa exterior no es posible abrirse. No es fácil observar nuestras capas de protección, pues tenemos tendencia a estar a la defensiva al respecto.

 

La capa de vulnerabilidad

La capa de en medio es la de la vulnerabilidad, el hogar de nuestro niño herido y frustrado. En estado puro, nuestra energía consiste en energía libre que fluye y en sentimientos: el estado de un niño no reprimido y espontáneo respondiendo a su mundo. Si nos hubieran apoyado y animado a descubrir y expresar esas energías naturales y todas las fuerzas recibidas hubieras sido de amor, atención y comprensión, es posible que nos hubiéramos mantenido en ese estado completamente puro y confiado. Cuando la vulnerabilidad está mezclada con la confianza, puede ser experimentada como algo suave y receptivo, expansivo y maravilloso. Pero sin confianza, la vulnerabilidad produce miedo.

Experimentar el miedo y el dolor que llevamos en nuestro niño interior puede permitirnos salir del control para entrar en el corazón, abriendo así un espacio de compasión y entrega. Esto nos prepara para poder entrar en el núcleo; suaviza nuestras aristas y también nuestra energía. Cuando nos sobreponemos del miedo a entregarnos y enfrentar el dolor de nuestro niño herido, podemos entrar más profundamente en nuestro interior.

 

El núcleo de meditación y el ser

Este es un espacio de naturalidad, silencio interior, aceptación de la vida y compasión desbordante donde existe la sensación de entrega, confianza y no-hacer. Aquellos que han conseguido llegar a este espacio lo describen como una sensación atemporal donde se ha detenido la mente, normalmente parlanchina. Te despojas de tu identificación con una personalidad determinada, de la preocupación, de la planificación, las inseguridades, las dudas, y simplemente vives cada momento apreciándolo íntegramente. Su vida progresa y fluye de forma perfecta sin que ellos tengan que “hacer” nada. Simplemente son y observan.

El universo devuelve el equilibrio según sus propias leyes

marzo 13, 2020

Preciosa reflexión llena de verdad y esperanza del psicólogo italiano F. Morelli que circula entre nuestros vecinos italianos:

«Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibrio a las cosas según sus propias leyes cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan qué pensar…

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros países a continuación, se les obliga el bloqueo. La economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando…

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados. Aquellos a los que no se les permite cruzar la frontera. Aquellos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.

En una sociedad que se basa en la productividad y en el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué. Sin descanso, sin pausa. De repente, se nos impone un parón forzado. Quitecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor si acaso este no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas. A volver a poner a papá y a mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no) espacio virtual de las redes sociales dándonos la falsa ilusión de cercanía. Este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace. Todo se debe hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña. Hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos por qué ha pasado esto y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todo ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia a caro precio».

 

(Cita de F. Morelli traducida al español).

Yo soy yo

febrero 23, 2020

Yo soy yo.

En el mundo entero no hay nadie que sea exactamente como yo. Hay personas que tienen cosas que se me parecen, pero nadie llega a ser exactamente como yo. Por lo tanto, todo lo que sale de mí es auténticamente mío porque sólo yo lo elegí.

Soy dueña de todo lo que me constituye: mi cuerpo y todo lo que mi cuerpo hace, mi mente y con ella todos mis pensamientos e ideas, mis ojos y también las imágenes de todo lo que ellos ven, mis sentimientos, sean los que fueren (enfado, júbilo, frustración, amor, desilusión, entusiasmo); mi boca y todas las palabras que de ella salen (corteses, dulces o ásperas, correctas o incorrectas), mi voz, áspera o suave, y todas mis acciones, ya se dirijan a otros o a mí misma.

Soy dueña de mis propias fantasías, de mis sueños, mis esperanzas y mis miedos.

Son míos todos mis triunfos y mis éxitos, mis fallos y mis errores.

Como soy dueña de todo lo que hay en mí, puedo relacionarme íntimamente conmigo misma. Al hacerlo, puedo amarme y ser amiga de todo lo que hay en mí. Entonces puedo trabajar toda yo, sin reserva, para mi mejor interés.

Sé que en mí hay aspectos que no entiendo, y otros que no conozco, pero mientras me acepte y me quiera puedo, con ánimo valiente y esperanzado,

buscar las soluciones a los enigmas y las maneras de saber más cosas de mí misma.

Todo lo que miro y digo, cualquier cosa que exprese y haga, y todo aquello que piense y sienta en un momento dado, soy yo. Todo esto es auténtico y representa dónde estoy en ese momento del tiempo.

Cuando más adelante evoque qué aspecto tenía y cómo hablaba, lo que decía y lo que hacía, cómo pensaba y sentía, algunas partes pueden parecerme fuera de lugar. Puedo descartar lo que no me viene bien y conservar lo que me parezca adecuado, e inventarme algo nuevo que reemplace a lo que haya descartado.

Puedo ver, oír, sentir, decir y hacer. Tengo los recursos para sobrevivir, para estar próxima a los demás, para ser productiva, para encontrar sentido y orden en el mundo de las personas y las cosas que existen fuera de mí.

Soy mi propia dueña, y por lo tanto puedo hacerme a mí misma. Soy yo, y estoy bien tal como soy.

 

 

Texto de Virginia Satir

Fotografía de César Sánchez

Toma decisiones diarias

febrero 3, 2020

¿Qué hace la gente que ha alcanzado el éxito en dirección a sus metas? Toman decisiones y acciones diarias, que pueden ser muy pequeñas hasta llegar a la cima.

El otro día en un juego con amigos, uno propuso que cada uno compartiera una decisión tomada en su vida que hubiera dado a la misma un giro radical. Su ejemplo me conmovió porque se definió a si mismo como un defensor acérrimo del amor libre, que recientemente había tomado la decisión de enfocar su vida en su novia y en crear su familia: eso era lo más importante para él ahora, y todo lo que había vivido antes eran juegos alrededor. Yo le dije que en realidad seguía creyendo en el amor libre, pero que ahora desde su libertad había tomado la decisión de enfocar su atención, su amor, su energía, sus prioridades, en una sola persona. ¡Y se le veía tan orgulloso, pleno y feliz!

Otro amigo le preguntó: ¿Y qué van a hacer ahora todos esos a los que en estos años habías convencido de que estar “a unas y a otras” era lo mejor? Él respondió: que cada uno tome su decisión.

No juzgo como mejor una decisión que otra. Cada decisión se ajusta a lo que cada uno considera importante en cada momento, y eso es lo perfecto. Lo que me parece importante es la coherencia. La coherencia entre lo que quieres, lo que piensas, lo que dices y lo que haces. Me parece de necios levantarse cada mañana y tomar acciones que van en contra de lo que quieren, para luego lamentarse de que no consiguen lograr sus sueños y metas.

Esa incoherencia puede provenir de nuestros conflictos interiores, de los que ya escribí un articulo una vez. Enfocada en la coherencia, mi consejo es: decide eso que quieres con todo tu corazón, y toma acción firme diaria que te ayude a ir en esa dirección. No importa cuan pequeña sea, pero toma una acción cada día. 10 minutos cada 24 horas que te acerquen a tus sueños. O ten presente en cada acción que vayas a acometer: ¿esto me acerca o me aleja de mi meta?, y actúa en consecuencia.

Escucha el Video 9 del Curso Vida sin Límites de Mariza Peer. Ella lo cuenta mucho mejor que yo, ¡y te resultará más ameno!

(haz clic en el icono de arriba a la derecha en la imagen y búscalo, ¡soy incapaz de encontrar la forma de pegar el vínculo directo! ;-))

Mi vida, mi gente: Alvaro y el propósito para vivir

enero 12, 2020

Conocí a Álvaro Vizcaino y a su historia extraordinaria en el mes de diciembre. No sin cierta timidez, me contó lo que más tarde entre risas y en broma decía que era “el cuento que se había inventado para ligar en el bar”. Sin embargo, no tiene nada de gracioso, aunque si nos ponemos también se podría contar al estilo de la chirigota.

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Fuerteventura, Diciembre de 2014. En busca de la ola perfecta, este surfista empedernido se escurrió por el borde arenoso de un acantilado y se cayó.

Agarrado en medio de una pared de piedra, no veía lo que había abajo, solo rocas y que estaba a una altura de unos diez metros. “Estuve colgado unos minutos. Decidí que me tiraba yo y elegía la caída o era imposible sobrevivir. Lo mejor era caer de lado y lo más lejos posible. Oía el ruido, contaba el periodo de las olas y me lancé todo lo lejos que pude”, explica.

Con el cuerpo malherido y la cadera rota, se echó al mar a buscar ayuda, tras darse cuenta que moriría si no salía de donde estaba.

 

Había basura en la playa porque nadie pasa por ahí. Cogió una tabla, se entablilló el brazo con una red, fabricó un brazo-remo y con un corcho se lo ato a las piernas para que flotara y se adentró en el mar. Todo esto tumbado y arrastrándose con los codos.

“Decidí que prefería vivir. Me he dado cuenta que lo único que tenemos en nuestra vida son nuestras decisiones. La decisión de vivir me correspondía a mí aunque tuviese que pagar el precio de morir. Sobrevivir es esperar a que algo externo ocurra. Nos pasamos la vida esperando a que algo pase y no tomamos nuestras decisiones y eso es sobrevivir. Vivir es tomar nuestras propias decisiones cueste lo que cueste“.

Lo más curioso de todo, es que cree que sobrevivió por aceptar su situación, más que por luchar contra ella, lo cual casi hizo que se ahogara en el intento.

Álvaro se dio cuenta al contar su historia, que era una de aquellas que marcan un antes y un después. Sus amigos le decían cosas como: voy a dejar mi trabajo, voy a regresar con mi novia. Decidió que merecía la pena escribir un libro, y poco después un director de cine lo llevó a la gran pantalla.

Así lo cuenta él:

Álvaro ha encontrado un propósito para su vida: inspirar a otros para que, desde su cotidianidad, encuentren el suyo propio.

Og Mandino dice en el primer capítulo de su libro “La Universidad del Éxito”, que el primer factor constante del éxito es el propósito. Debemos saber que en lo que sea que hacemos, estamos avanzando hacia una meta. Mientras tengamos una meta, sentiremos que nuestras energías y pensamientos creativos nos están llegando a alguna parte, y que hay satisfacción en el viaje de la misma manera que hay desesperación cada vez que sentimos que no estamos “llegando a ninguna parte”.

No todos nos vemos enfrentados de una manera tan radical con una falta de propósito. Pero cada uno de nosotros ha atravesado momentos en los que la vida nos parecía vibrante y  viva porque íbamos a  alguna parte, y otros en los que todo nos parecía deprimente porque la vida era como una señal al final de la carretera que dice “carretera cerrada”. Para conseguir el éxito hay que tener un propósito; de lo contrario, aunque podemos vegetar con éxito, no podremos vivir con éxito.


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Sobre el paso del tiempo y los propósitos de año nuevo

enero 2, 2020

Es una verdad a gritos: cuanto más pasa el tiempo, más parece acelerarse. Si tienes la suerte de guardar recuerdos de la niñez seguramente te acuerdes de lo largos que se hacían los veranos. Una vez entras en el agitado periodo de la adolescencia, los meses y años todavía parecían mantener un compás lento. Y para cuando pasas la veintena ya puedes aprovechar, que en un soplo llegan los 30, los 40 y los 50.

Así es la vida. Pasa tan rápido que ni siquiera somos conscientes, y mucho más en un mundo hiperconectado en el que lo que sucedió ayer ya parece formar parte de un pasado remoto. La ciencia ha dado respuesta a esta sensación tan amarga a partir de una ley matemática descubierta en 1834 por Ernest Weber, pionero de la psicología experimental. Se trata de una función logarítmica que atiende a dos variables: la intensidad y la sensibilidad.

Los diez primeros años de vida de un niño pasan lentamente debido a que todavía no está acostumbrado a ese concepto relativo llamado “tiempo”, el cual establece una división a partir de segundos, minutos, horas, días meses y años. Pero a medida que va pasando, cuerpo y mente se van acostumbrando a este sistema métrico.

Adrian Bejan, profesor de ingeniería mecánica de la Universidad de Duke y autor del estudio, sugiere que nuestra percepción de las experiencias vitales puede verse alterada a medida que envejecemos, ya que el cerebro necesita más tiempo para procesar nuevas imágenes mentales. Antes, cuando éramos más jóvenes, el cerebro es capaz de adquirir muchísima más información en menos tiempo, lo que producía la sensación de que los días pasaban más lentos.

Toda esta introducción, para decir que el 2019 se me ha pasado volando. Miro atrás y pienso ¡buf, menudo viajecito! Hoy, como cada año, hago balance para capitalizar experiencias y clarificar lo que quiero para mi futuro. ¡Porque el tiempo vuela y no vuelve atrás!

No voy a compartir mis objetivos personales porque no quiero que pierdan fuerza, pero si comparto mis propósitos, por si a alguien le sirven de inspiración:

 

  • Establecer un “objetivo madre”, un filtro por el que pasar cualquier decisión u objetivo. Como decía Covey, “poner primero lo primero”. En mi caso, el objetivo madre es mi paz interior. Si algo no me da paz, por más que pudiera aportar otros valores a mi vida, ¡fuera!

 

  • Alejarme de personas y emociones negativas y equilibrar el dar y recibir en mis relaciones. Alejarse de aquello que hace daño es un paso imprescindible para cuidar de uno mismo. Si mantienes relaciones tóxicas o tienes en tu círculo más cercano a personas que te transmiten negatividad, tienes que marcar distancia y ponerles límites. Es bastante difícil cuidar de uno mismo si nos rodeamos de personas que se dediquen a tirar por la borda nuestros esfuerzos por alcanzar el bienestar. Esto incluye así mismo las relaciones en las que siento un claro desequilibrio. Si de repente me encuentro con que siempre escribo o llamo yo, si siempre soy yo quien propone vernos, y el otro me da largas o no toma de vez en cuando la iniciativa, se acabó. Me encanta la conexión y compartir mi tiempo y energía con la gente que aprecio. Pero si no tienen el mismo interés que yo, a otra cosa mariposa.

 

  • Hacerlo todo con amor. Con perdón de la expresión, hasta “mandar a la mierda” con amor. Si tengo ira o rabia la canalizo de otras maneras. Si una persona me ha hecho mal, esa persona lo sabe, y yo también lo sé. Pero si ha estado en mi vida seguro que me ha aportado cosas positivas. Me quedo con eso, se lo agradezco, y lo “malo” se queda atrás. Creo absolutamente en la ley del karma: si has mentido, manipulado, si has sido deshonesto, o has maltratado de cualquier forma a otro ser, en algún modo lo pagarás. Por tanto, si me han hecho daño, cierro el ciclo y dejo que el universo juegue su papel de dar equilibrio. Esto lo he visto en funcionamiento una y otra vez. Así que aunque a veces me animen a ser más agresiva en los cierres, duermo mejor si sé que actúo desde el corazón.

 

  • Buscar un momento de relajación cada día. Llevamos un estilo de vida en el que “nunca tenemos tiempo”. En parte, esto es cierto, pero el tiempo es un recurso que se “quita” de un sitio y se “pone” en otro. Con lo cual, para cuidar de mí misma voy a seguir siendo radical en mis momentos diarios de relax y desconexión. Escribir mi diario, agradecer a la vida, respirar tranquilamente, ponerme unas gotas de aceite de lavanda en las muñecas para relajarme y estirarme un rato es una rutina nocturna que me sienta fenomenal.

 

  • Hacer las cosas que me gustan. En mi caso incluye leer, escribir, salir a la montaña, hacer yoga, acercarme al mar siempre que pueda, viajar, pasar tiempo con mi hija y mis amig@s, y una nueva pasión descubierta que es preparar platos sanos, ricos y con muy buena pinta!

 

  • Incluir la risa en mi rutina. Recurre a aquello que te haga reír: una serie, películas, un programa de radio o monólogos, da igual lo que sea… siempre y cuando te haga conectar con tu sentido del humor. El impacto que tiene buscar la risa cada día es muy positivo y se nota en el estado de ánimo. Sé proactivo y acércate a lo que te haga reír. Mi propósito es convertir en cómicas al menos 3 situaciones al día. Y además, he descubierto que si le doy la vuelta a las situaciones que me resultan desagradables y las cuento como si fuese un cómico que se ríe de ellas, pierden su intensidad y me resulta una actividad súper terapéutica.

 

  • Escuchar a mis necesidades como persona. Antes que nada, conecto con mis necesidades, escucho lo que  me apetece decir o hacer y soy fiel a mí misma. Esta será una de las mejores maneras de cuidar de mí. Obviar mis necesidades y priorizar siempre el bienestar de los demás puede ser lo más fácil de hacer en el momento, pero a largo plazo me pasará factura. Se trata de dedicar tiempo a pensar en cómo me siento, qué quiero, qué es importante para mi y cómo puedo satisfacer esos aspectos. Como soy impulsiva, a veces tomo decisiones precipitadamente. Ese es mi trabajo principal, y entretanto estoy aprendiendo a decir no antes de que sea demasiado tarde. A cancelar un plan si no me apetece, a rechazar una invitación a salir si me apetece estar tranquila en casa, a no querer algo medio bueno si no es suficientemente bueno para mí.

 

Y todo esto, espero que suponga la clave de mi éxito en términos de tener un año que, por más rápido que pase, me resulte nutritivo, satisfactorio, coherente con mis valores, tranquilo y bonito.

¡Feliz 2020!

 

(Fotografía de César Sánchez Cano)

Leer las señales

diciembre 15, 2019

Están por todas partes. El universo te habla y lo entiendes cuando lo escuchas. Esta parte de mí a muchos les suena un poco “friki”. Pero no me importa. Soy todas las contradicciones posibles. La razón y la fe. La locura y la cordura. La seriedad y la cordura. El rápido y el lento. El dentro y el afuera. La alegría y la tristeza. El todo y la nada. Las mezclas me hacen comprensiva, inclusiva y tolerante. Y feliz.

Hablar el lenguaje del universo es un ejercicio y es un arte. Requiere intuición, prestar mucha atención y restar peso a tus deseos y creencias. Para “Un curso de milagros”, el milagro es un cambio de percepción. Ese cambio puede llegar de cualquier parte.

Viendo en Netflix una de esas películas tontorronas, medio romanticonas y súper navideñas (El calendario de Navidad), he sabido leer que a veces interpretamos las señales para darles el significado que queremos, en lugar de escuchar lo que realmente nos quieren decir, y eso nos impide ver la verdad.

Durante este año, he practicado mucho la “expiación” y la “santificación”. Sí, lo sé. A mí también al principio me sonaban “demasiado religiosos” los términos. ¿Qué significan? El primero, consiste en pedir la percepción correcta de una situación. El segundo, pedir que esa situación o relación la gestione el Amor (o Dios, o el Universo, o la Fuente, o llámalo equis). Porque una situación gestionada por el Amor traerá lo mejor para las partes, que puede no ser justo lo que a priori deseas.

Ha resultado un poco necio pedir la santificación de una situación o relación y luego ponerle una expectativa. Se me olvida eso de que los planes del universo son siempre mejores que los míos. Pero claro, una mujer perseverante y cabezona a veces tiende a aferrarse irracionalmente a lo que no le conviene sin saberlo.

Se habla mucho de soltar lo que duele y a veces no lo soltamos por miedo. Este año he vivido en mi entorno un montón de ejemplos en los que soltar ha sido una bendición, y aferrarse ha sido un infierno. Aunque hay que tener la claridad para discernir lo que merece la pena la lucha, y lo que merece la alegría la renuncia.

IMG_6560Nunca sabes qué es lo que te hará soltar. A veces vences las resistencias más fuertes, y de repente el hilo se rompe con el detalle más pequeño. Pero quizás esa pequeñez es suficiente para un hilo desgastado por largo tiempo.

Y, ¡Oh, sorpresa!, te sueltas y crees que vas a caer y un segundo después aparece ante ti un mundo nuevo. Una sorpresa, una ilusión y una promesa. Cuando menos te lo esperas, ¡bum! todo cambia, porque todo llega. Coges las riendas y la sonrisa vuelve a ser la dueña de tu vida.

El universo se sincroniza. Tiene un regalo para ti. Está a la vuelta de la esquina pero antes tienes que hacer clic. Tienes que vibrarlo, atraerlo, ponerlo al alcance de tu mano, dar el salto al vacío estando totalmente segura de que no caerás. Justo cuando empezaba a sentir el vértigo, han llegado los brazos perfectos para sostenerme e iniciar un camino nuevo.

¿Un regalo de cumpleaños del universo?, ¿Un patente cambio de ciclo?, ¿Una aventura de año que entra? ¡Y qué más da lo que sea, mientras sea un augurio de todo bueno!

(Fotografía de César Sánchez Cano)

De piedras y diamantes

diciembre 9, 2019

Me inspira la vida. Me inspiran las personas, las situaciones, las experiencias, los lugares, los libros, las imágenes, las frases. Me inspira la naturaleza: el mar, las nubes, el sol, la luna, las estrellas, las montañas.

Hoy he leído: “Cuidado, no te vayas a perder un diamante mientras te entretienes cogiendo piedras”. Y eso que hay piedras preciosas. Brillantes, de colores y formas sinuosas.  También hay circonitas, que parecen diamantes, pero no lo son.

El diamante es el material más duro que se conoce (en realidad no es el diamante, sino el grafeno, pero ese no es tan “conocido”). El diamante es tan duro porque su composición es más sólida que la de otros materiales, es decir, sus átomos de carbono se agrupan mediante enlaces dobles, los cuales refuerzan las forma cúbica de sus moléculas.

Un diamante es un trozo de carbón que fue sometido a una presión y temperatura extrema.

IMG_6716Con las personas pasa igual. Hay personas cuya composición es más sólida que la de otras. Por su bondad, por su coherencia, por sus valores, por su capacidad de amar, por su alegría, por su franqueza. Nada tiene que ver su belleza externa, sino la solidez de sus enlaces, su elevado nivel de conciencia.

Elige bien de quien te rodeas. Elige con corazón y criterio a tu pareja. Asegura que tus amigos te nutren o pliega velas.

Un libro de Jorge Bucay se titula: las 3 preguntas. ¿Quién soy?, ¿A dónde voy? y ¿Con quién? Cuando amanece cada mañana recuerda quién eres, cuál es tu mayor objetivo en la vida, para que no te entretengas, y qué tipo de gente quieres que te acompañe en el camino. Es tu hoja de ruta, ¡no te me pierdas!

Necesitamos amar

noviembre 26, 2019

El Amor es el estímulo más profundo y poderoso de nuestra existencia. Todo lo que hacemos y todo lo que somos está, de forma sana o insana, promovido por nuestra necesidad fundamental de amar y de ser amados. Nacemos y vivimos, aun sin saberlo, desde el Amor, por el Amor y para el Amor. Sin embargo, tras siglos de descuidos y engrandecimiento de la ignorancia, lo trascendental parece haberse relegado al olvido, hasta convertirse en una gran excusa para la queja, para la ansiedad, para la mendicidad emocional y para la frustración.

IMG_6676Después de tiempos aciagos en los que la humanidad parece haberse empeñado en alejarse de su centro primordial, después de siglos de chantajes emocionales y de sembrar imposibilidades en lo que al amor se refiere, llegamos a un presente en el que tenemos que rescatar ese amor de entre todos los venenos que nos han mantenido, de una u otra forma, enajenados y alejados de él.

Pero a pesar de nuestros tropiezos, el Amor sigue siendo nuestro motor de vida, nuestro propósito primero y último, nuestro centro gravitacional y nuestra razón de existir. Es nuestra responsabilidad desintoxicar nuestra mente, nuestras emociones y, sobre todo, nuestro inconsciente, para sanar nuestro corazón.

 

El Amor es el objetivo y también debería ser el camino hasta alcanzarlo… o hasta recordar que siempre hemos permanecido en él, mientras él habitaba en nosotros.

Escondido tras traumas, heridas y amnesias, habita un insano adiestramiento heredado generación tras generación que, como una pesada carga o un sádico castigo, nos “obliga” a olvidarnos de que si no sentimos de forma profunda y consciente el Amor hacia nosotros mismos no podremos alcanzar el anhelado tesoro del Amor real. Mientras no recordemos conscientemente que merecemos amarnos, gastaremos nuestro tiempo y nuestra energía en mendigar sustitutos que en ningún caso nos aportarán paz o plenitud.

Estamos a tiempo. Somos capaces de sacudirnos el conglomerado de siglos de enfoque inadecuado hasta redescubrir, bajo todas esas capas de noes, incoherencias y falta de permisos, lo único fundamental: el Amor.

Una existencia vacía e inútil es aquella que ha transcurrido con las puertas y las ventanas cerradas al Amor. Cuando anulamos el Amor de la ecuación de nuestras vidas, lo demás puede cargarse de importancia, pero en ningún caso de sentido.

Necesitamos amar porque al amar, al permitir que esa energía preciosa nos inunde y se expanda, al mirar a otros con los ojos del Amor, podemos recordar y podemos sentir que, independientemente del papel que nos esté tocando desempeñar y de las heridas que no estemos sabiendo sanar, somos preciosos y dignos. Necesitamos amar, porque al permitirnos contemplar desde el corazón, comprendemos todo lo que no es comprensible desde la razón y dejamos de juzgar. Y necesitamos Amar porque, cuando no lo hacemos, la magia de la vida pasa desapercibida ante nosotros mientras nos arrastramos vencidos por el esfuerzo que supone cualquier intento de sobrevivir sin Amor.

(Del libro “Regresa a ti”, de Virgina Blanes. Fotografía de César Sánchez Cano)

Trascender el dolor

noviembre 24, 2019

Cuando la gente me pregunta qué es lo que realmente me ha ayudado a salir del dolor cuando he estado en él, me cuesta dar respuestas demasiado breves. Teniendo un tiempo de paz para contestar, comparto lo siguiente:

  • Santifiqué las relaciones. Lo sé, es un término un poco “raro”, pero no sé como traducirlo. Es un término de “Un curso de milagros”. Santificar la relación con otra persona es reconocer que como seres espirituales somos exactamente iguales, somos lo mismo. Es reconocer que si yo hubiese estado en su lugar, hubiese hecho exactamente lo mismo que él. Y, en la situación que nos une, ya que la estamos viviendo, pedir al Amor (al Universo, a Dios, a la Fuente, al Campo cuántico… a lo que cada uno crea) que sea él quien gestione la relación, y no nuestras mentes. Significa pedir que las capas de percepción errónea que hay encima del Amor, sean limpiadas y podamos entender con claridad el para qué de haber vivido esta situación.

 

  • Me perdoné. El perdón viene desde tu zona de paz, cuando eres totalmente consciente de que tú ya eres el Amor en estado puro y la Alegría. El perdón es la aceptación de que me he olvidado de quién soy, partiendo de la base de que  no soy un ser individual y separado, sino que soy una ola que forma parte de un mar, que se expresa a través de esta ola aparentemente consiente que soy yo, y que eres tú. No somos enemigas, nos estamos ayudando y estamos reconociéndonos que somos parte de esta conciencia de unidad. Pero para ser consiente de esta conciencia de unidad, tienes que dejar de distraerte, pensando en lo que la otra ola debería hacer o dejar de hacer. Cada vez que sientes dolor es una llamada de atención, es una llamada de retorno, a la vuelta a casa. Para volver aquí acepto que no he sabido hacerlo mejor, me rindo a lo evidente, a lo único que es real que es el Amor, y me perdono. Me había olvidado de quién soy.

¿Cuán dispuesto estás a perdonar? ¿Cuán dispuesto estás a fluir? ¿a no tener apegos? ¿Cómo puedes saber que te has perdonado?

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  • Mantuve el foco, no me distraje. Distraerse es una estrategia muy socorrida para escapar del dolor. Te distraes de mil maneras, cada uno como mejor entiende: unos viendo series en Netflix, otros entrando y saliendo de casa, otros estando siempre acompañados, o bebiendo, o navegando en las redes sociales, o conociendo gente en páginas de contactos para que les alimenten el ego. Un día le dije a una amiga, “mira, estoy haciendo esto, pero solo para distraerme”. Se puso muy seria y me dijo: “analiza bien lo que acabas de decir, ¿en serio que quieres distraerte?. Su pregunta me hizo “bum” en la cara. Salí de ese comportamiento rápidamente, como aquel que toca un cable y le da un “calambrazo” y ya no quiere tocar ese cable nunca más. Y desde entonces, tengo los ojos bien abiertos, quiero estar plenamente consciente de lo que hay para mí en cada situación. Y cuando hay dolor, pues le hago hueco, le siento a mi lado, le presto atención, hablo con él y me aseguro de entender qué regalo de aprendizaje tiene para mí. ¿Y sabes qué? Que una vez lo he entendido, se despide de mí, y se va. Las preguntas claves son: ¿Qué hay de bueno en esta situación? ¿Qué puedo aprender de esto?

 

  • Perdoné al otro. Cuando tu dolor se deriva de la relación con otra persona, tú también necesitas que el otro se perdone, y con eso se soluciona el compromiso espiritual y ya no tenéis porqué seguir vinculados. Tú ya le perdonaste hace tiempo, pero si le perdonas queda liberado del rol que tenía para contigo, y entonces puede perdonarse él. “Te perdono de corazón por “…,” y deseo que tú también puedas perdonarte tanto dolor y tanta culpa que tengas en tu interior, y ambos quedamos liberados el uno del otro, para seguir evolucionando según nos convenga”.

 

  • Escribí todas aquellas cosas que ya no estaba dispuesta a tolerar, a aceptar en mi vida. Esta lista será diferente para cada uno de nosotros pero para mi, incluye que ya no tolero que me mientan (aun si pienso que nadie puede mentir a nadie que no sea a sí mismo), que me hablen en un tono inadecuado, que me ignoren cuando trato de comunicarme o que haya un desequilibrio sensible entre el dar y el recibir.

    Mi exceso de empatía me ha llevado muchas veces a justificarlo todo. Tengo una facilidad enorme para ponerme en los zapatos del otro y entender que su tono inadecuado tiene que ver mucho más consigo mismo, que la mentira esconde el miedo a ser juzgado  o a perder al otro, o que cada uno tiene sus necesidades y sus ritmos, y que no todo el mundo sabe, quiere o puede dar por igual. Sigo siendo capaz de verlo así, y respeto al otro con sus circunstancias.

    Al mismo tiempo,  AHORA preservo mi atención, mi tiempo y energía para las personas que tienen el coraje de decir la verdad; de mantener el autocontrol cuando sus emociones están revueltas por dentro, o al menos de disculparse cuando las canalizan lanzando el dardo hacia el otro; con las personas que disfrutan tanto dando como recibiendo y que comparten con agrado el placer de atendernos y comunicarnos.

  • Reconocí mis heridas y vacíos y tomé una decisión consciente de cómo quería sanarlas y llenarlos. Recuerdo un libro que hablaba de nutrición. Cuando tienes hambre, tu cuerpo te está dando señales al respecto de la necesidad de nutrientes. A veces calmamos el hambre comiendo galletas, o patatas, o cualquier tipo de comida rápida. Es fácil, es accesible, es sabrosa, muchas veces visualmente atractiva, no requiere elaboración ni tiempo de preparación, nos deleita en el momento en que la comemos. Pero, ¿sabes qué? No nos aporta ningún tipo de nutrientes. Por ende, nuestro cuerpo sigue sintiendo la carencia, y en breve tendremos sensación de hambre otra vez. Conozco personas que tienen el corazón vacío, con las heridas de la falta de amor. Se la pasan picando de aquí y de allá. Hoy en día las redes sociales hacen muy fácil encontrar a alguien con quién pasar un rato, o pasar la noche. En la metáfora anterior, eso puede saciar el hambre, pero no las necesidades que tiene el cuerpo de nutrición. Es por eso importante reflexionar y decidir cómo llenar el vacío de la ausencia si aparece.

 

  • Me hice preguntas y tomé decisiones. ¿Cómo voy a vivir los próximos 10 años de mi vida? ¿Cómo voy a vivir hoy para crear el mañana con el que estoy comprometida? ¿Qué me voy a proponer a partir de ahora? ¿Qué es importante para mí ahora mismo, y qué será importante a largo plazo? ¿Qué acciones puedo emprender hoy mismo para que configuren mi destino futuro? Nuestro destino queda configurado en los momentos de decisión. No solo tuve que decidir con qué resultados quería comprometerme, sino también la clase de persona que me comprometía a ser. Me deja muy tranquila saber que puedo tomar una nueva decisión ahora mismo, y que eso cambiará inmediatamente mi vida. Tú también puedes tomar una nueva decisión ahora.

(Fotografía de César Sánchez)

Comprender el Amor

noviembre 19, 2019

El Amor no es un tesoro perdido ni una meta que solo unos pocos pueden alcanzar. El Amor es la energía que da forma a todo lo que existe, sea visible para el ojo humano o no. Es esa fuerza indescriptible que mantiene intacta la unidad tras la apariencia de dualidad. Es la melodía y la danza en la que yin y yang, luz y oscuridad, juegan a buscarse y encontrarse hasta abrazarse de nuevo en el Uno del que nunca salieron. El amor es el principio y el fin, el orden y el caos. El Amor es todo, y cualquier cosa que parezca no ser Amor o no estar bajo su auspicio no es más que una proyección distorsionada desde una mentalidad enferma y temerosa.

Si todo y todos somos Amor, ¿por qué nos resulta tan difícil amarnos y dejarnos amar? ¿Por qué cuando miramos a nuestro alrededor encontramos tanto sufrimiento y terror?

Desconozco cuál fue el instante en que olvidamos que la vida era un juego y comenzamos a dramatizar nuestra existencia. El momento en que obviamos nuestra auténtica esencia y nos polarizamos en una minúscula parte de nosotros mismos, ignorando, juzgando, e incluso renegando del resto de nuestro ser. Aunque lo importante no es descubrir ese cuándo, ni siquiera es saber por qué o para qué sucedió lo que sucedió. Lo primordial es recordar que esta apariencia de separación, que tanto sufrimiento genera, puede concluir ahora. Reconocer que solo necesitamos aprender a mirar de una nueva forma, o de la manera más antigua, para despertar y poder ver que la pesadilla solo fue una pesadilla, y ya terminó.

IMG_6703En el mundo de la manifestación vivimos cautivos de la dualidad o de su apariencia, y para volver al Amor tenemos que estar dispuestos a renunciar a nuestros prejuicios mentales, a mirar desde nuestro corazón. A olvidar todo lo que creemos que sabemos, lo que creemos que hemos visto, y comenzar a mirar con los ojos de la inocencia, que no concibe ni el bien ni el mal. Sí, tenemos que estar dispuestos a dejar de calificar, juzgar y encasillar. Tenemos que elegir no necesitar tener la razón y soltar argumentos y justificaciones que alimentan las creencias que han estado dibujando nuestra minúscula realidad para lanzarnos hacia dentro y hacia arriba, a la gran realidad. Porque si no nos soltamos, si no nos rendimos y nos empeñamos en catalogar cada cosa que percibimos, deseamos, detestamos o experimentamos, nos alejamos de multitud de partes de nosotros, y por lo tanto, del Amor.

Aunque tengamos “razones de peso” para sufrir, temer o desear, mientras mantengamos vigente la creencia que nos hace preferir “lo bueno” y desdeñar “lo malo”, no podremos reinstaurar el Amor en nosotros, por nosotros.

Cuanto más juzguemos, cuanto más luchemos y más nos resistamos a aceptar cualquier forma de vida, o de expresión de la vida, con más ahínco se manifestará en nuestras circunstancias eso de lo que huimos a la espera de nuestra compasión, nuestra rendición y, por ende, de la activación del Amor.

Nuestras mentes, dormidas y viciadas, inventan personajes que puedan representar lo “bueno y lo malo” que hay en nosotros, aumentando (de forma distorsionada) la polarización que nos hizo olvidar que la dualidad es solo una ilusión.

Creamos peligros y elegimos enemigos que justifican nuestro sufrimiento y nuestro miedo; avivamos así cualidades que generan desencuentros internos con nuestra esencia y fragmentan nuestro corazón y, por tanto, nuestra capacidad de Amar.

Ten en cuenta que el guionista no puede imaginar nada que no exista dentro de sí. Esto implica que tanto los buenos como los malos de su película no son más que representaciones de partes de sí mismo que le resulta sencillo proyectar fuera, pero incómodo de aceptar dentro.

Esta es la raíz del desamor que padecemos: el enjuiciamiento y la falta de aceptación de partes de nosotros mismos. Cada uno de nosotros somos Todo y cuando caemos en la creencia madre de todas las creencias tóxicas, la dualidad que enfrenta a las fuerzas del bien contra las del mal, nos alejamos de nosotros mismos; juzgamos y tememos las partes que desdeñamos, escondiéndolas en nuestra sombra, y proyectándolas en otros actores que, aparentemente, no somos nosotros.

Podemos concluir que el Amor es la aceptación de todas las partes que nos forman y forman a los demás, y el desamor es la resistencia, el juicio y el temor que algunas o muchas de esas partes despiertan en cada cual.

Mientras no aceptes que todo está en ti, que todo lo que percibes fuera no es más que un reflejo de una parte tuya, mientras no recuerdes que eres Todo y que así debe ser, no podrás descansar en el Amor, ni podrás amar, ni tampoco dejarás que te amen. Pues si no aceptas esta realidad en ti, no creerás que nadie más pueda aceptarla y, por tanto, aceptarte. Ni tampoco podrás aceptar a los demás; sólo elegirás aquello que encaje en tus estanterías de lo bueno, y desestimarás todo lo demás.

(Extraído del libro “Regresa a ti”, de Virgina Blanes)

Vive

noviembre 17, 2019

Recuerda lo que te digo: Dentro de unos años vas a desear tener los años que tienes hoy. Desearás hacer lo que hoy estás dejando de hacer. Desearás abrazar, besar, amar lo que hoy no das importancia.

Recuerda lo que te digo: Dentro de unos años echarás de menos a la mujer que hoy tienes enfrente del espejo.

Recuerda lo que te digo: Vive para que mañana no haya arrepentimiento. Vive para que mañana estés satisfecha de haber hecho realidad tus deseos. Vive sin cobardía, y si te equivocas, que dentro de unos años, no tengas el amargor de no haberlo intentado.

Recuerda lo que te digo: Eres lo que eres por lo que has sido. Vive para no echarte de menos.

(Fotografía de César Sánchez Cano)

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La vida, por Bert Hellinger

noviembre 3, 2019

Dice: Berth Hellinger: «La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad. La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que queda solo lo importante. La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que “Es”. La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces. La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.

La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección. La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como rio. La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”. La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe.

La vida te quita el amor verdadero, no te lo concede ni permite, hasta que dejas de intentar comprarlo con baratijas.

La vida te aleja de las personas que amas, hasta que comprendes que no somos este cuerpo, sino el alma que él contiene. La vida se ríe de ti tantas veces, hasta que dejas de tomarte todo tan en serio y te ríes de ti mismo. La vida te rompe y te quiebra en tantas partes como sean necesarias para que por allí penetre la luz.

La vida te enfrenta con rebeldes, hasta que dejas de tratar de controlar. La vida te repite el mismo mensaje, incluso con gritos y bofetadas, hasta que por fin escuchas. La vida te envía rayos y tormentas, para que despiertes. La vida te humilla y derrota una y otra vez hasta que decides dejar morir tu EGO. La vida te niega los bienes y la grandeza hasta que dejas de querer bienes y grandeza y comienzas a servir.

La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar. La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar.

La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no necesitas ni alas ni raíces, sino solo desaparecer en las formas y volar desde el Ser. La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro. La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender a vivir. La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo.
La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos. La vida te niega a Dios, hasta que lo ves en todos y en todo. La vida te acorta, te poda, te quita, te rompe, te desilusiona, te agrieta, te rompe … hasta que solo en ti queda AMOR.”

Y uno aprende…

octubre 30, 2019

Después de un tiempo,

uno aprende la sutil diferencia

entre sostener una mano

y encadenar un alma,

y uno aprende que el amor no significa acostarse

y una compañía no significa seguridad

y uno empieza a aprender.

Que los besos no son contratos

y los contratos no son promesas

y uno empieza a aceptar sus derrotas

con la cabeza alta y los ojos abiertos

y uno aprende a construir

todos sus caminos en el hoy,

porque el terreno de mañana

es demasiado inseguro para planes…

y los futuros tienen una forma de

caerse en la mitad.

Y después de un tiempo

uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.

Así que uno planta su propio jardín

y decora su propia alma, en lugar

de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,

que uno realmente es fuerte,

que uno realmente vale,

y uno aprende y aprende…

y cada día uno aprende.

JORGE LUIS BORGES –

Salir a la Luz

octubre 28, 2019

IMG_6716Llegas a tu casa interior de nuevo y te instalas cómodamente en ella.

Ahora comienzas a pensar qué vas a hacer con tu felicidad y libertad recobradas.

Te preguntas lo que vas a hacer como alfarero de tu propia vida ahora que eres libre de nuevo.

Te alegras y recuerdas todos los buenos momentos pasados y que otros similares pueden volver a tu vida.

Sabes que puedes volver a ser feliz.

Lo sientes.

Lo que ocurre una vez puede volver a ocurrir, incluso superado con creces.

Ahora, sales a la calle y contemplas el sol de la mañana. Luce para ti.

Un día tan maravilloso, ¿te lo vas a perder?

¡Claro que no!

(Iñaki Piñuel)