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Yo soy yo

febrero 23, 2020

Yo soy yo.

En el mundo entero no hay nadie que sea exactamente como yo. Hay personas que tienen cosas que se me parecen, pero nadie llega a ser exactamente como yo. Por lo tanto, todo lo que sale de mí es auténticamente mío porque sólo yo lo elegí.

Soy dueña de todo lo que me constituye: mi cuerpo y todo lo que mi cuerpo hace, mi mente y con ella todos mis pensamientos e ideas, mis ojos y también las imágenes de todo lo que ellos ven, mis sentimientos, sean los que fueren (enfado, júbilo, frustración, amor, desilusión, entusiasmo); mi boca y todas las palabras que de ella salen (corteses, dulces o ásperas, correctas o incorrectas), mi voz, áspera o suave, y todas mis acciones, ya se dirijan a otros o a mí misma.

Soy dueña de mis propias fantasías, de mis sueños, mis esperanzas y mis miedos.

Son míos todos mis triunfos y mis éxitos, mis fallos y mis errores.

Como soy dueña de todo lo que hay en mí, puedo relacionarme íntimamente conmigo misma. Al hacerlo, puedo amarme y ser amiga de todo lo que hay en mí. Entonces puedo trabajar toda yo, sin reserva, para mi mejor interés.

Sé que en mí hay aspectos que no entiendo, y otros que no conozco, pero mientras me acepte y me quiera puedo, con ánimo valiente y esperanzado,

buscar las soluciones a los enigmas y las maneras de saber más cosas de mí misma.

Todo lo que miro y digo, cualquier cosa que exprese y haga, y todo aquello que piense y sienta en un momento dado, soy yo. Todo esto es auténtico y representa dónde estoy en ese momento del tiempo.

Cuando más adelante evoque qué aspecto tenía y cómo hablaba, lo que decía y lo que hacía, cómo pensaba y sentía, algunas partes pueden parecerme fuera de lugar. Puedo descartar lo que no me viene bien y conservar lo que me parezca adecuado, e inventarme algo nuevo que reemplace a lo que haya descartado.

Puedo ver, oír, sentir, decir y hacer. Tengo los recursos para sobrevivir, para estar próxima a los demás, para ser productiva, para encontrar sentido y orden en el mundo de las personas y las cosas que existen fuera de mí.

Soy mi propia dueña, y por lo tanto puedo hacerme a mí misma. Soy yo, y estoy bien tal como soy.

 

 

Texto de Virginia Satir

Fotografía de César Sánchez

Toma decisiones diarias

febrero 3, 2020

¿Qué hace la gente que ha alcanzado el éxito en dirección a sus metas? Toman decisiones y acciones diarias, que pueden ser muy pequeñas hasta llegar a la cima.

El otro día en un juego con amigos, uno propuso que cada uno compartiera una decisión tomada en su vida que hubiera dado a la misma un giro radical. Su ejemplo me conmovió porque se definió a si mismo como un defensor acérrimo del amor libre, que recientemente había tomado la decisión de enfocar su vida en su novia y en crear su familia: eso era lo más importante para él ahora, y todo lo que había vivido antes eran juegos alrededor. Yo le dije que en realidad seguía creyendo en el amor libre, pero que ahora desde su libertad había tomado la decisión de enfocar su atención, su amor, su energía, sus prioridades, en una sola persona. ¡Y se le veía tan orgulloso, pleno y feliz!

Otro amigo le preguntó: ¿Y qué van a hacer ahora todos esos a los que en estos años habías convencido de que estar “a unas y a otras” era lo mejor? Él respondió: que cada uno tome su decisión.

No juzgo como mejor una decisión que otra. Cada decisión se ajusta a lo que cada uno considera importante en cada momento, y eso es lo perfecto. Lo que me parece importante es la coherencia. La coherencia entre lo que quieres, lo que piensas, lo que dices y lo que haces. Me parece de necios levantarse cada mañana y tomar acciones que van en contra de lo que quieren, para luego lamentarse de que no consiguen lograr sus sueños y metas.

Esa incoherencia puede provenir de nuestros conflictos interiores, de los que ya escribí un articulo una vez. Enfocada en la coherencia, mi consejo es: decide eso que quieres con todo tu corazón, y toma acción firme diaria que te ayude a ir en esa dirección. No importa cuan pequeña sea, pero toma una acción cada día. 10 minutos cada 24 horas que te acerquen a tus sueños. O ten presente en cada acción que vayas a acometer: ¿esto me acerca o me aleja de mi meta?, y actúa en consecuencia.

Escucha el Video 9 del Curso Vida sin Límites de Mariza Peer. Ella lo cuenta mucho mejor que yo, ¡y te resultará más ameno!

(haz clic en el icono de arriba a la derecha en la imagen y búscalo, ¡soy incapaz de encontrar la forma de pegar el vínculo directo! ;-))

Mi vida, mi gente: Alvaro y el propósito para vivir

enero 12, 2020

Conocí a Álvaro Vizcaino y a su historia extraordinaria en el mes de diciembre. No sin cierta timidez, me contó lo que más tarde entre risas y en broma decía que era “el cuento que se había inventado para ligar en el bar”. Sin embargo, no tiene nada de gracioso, aunque si nos ponemos también se podría contar al estilo de la chirigota.

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Fuerteventura, Diciembre de 2014. En busca de la ola perfecta, este surfista empedernido se escurrió por el borde arenoso de un acantilado y se cayó.

Agarrado en medio de una pared de piedra, no veía lo que había abajo, solo rocas y que estaba a una altura de unos diez metros. “Estuve colgado unos minutos. Decidí que me tiraba yo y elegía la caída o era imposible sobrevivir. Lo mejor era caer de lado y lo más lejos posible. Oía el ruido, contaba el periodo de las olas y me lancé todo lo lejos que pude”, explica.

Con el cuerpo malherido y la cadera rota, se echó al mar a buscar ayuda, tras darse cuenta que moriría si no salía de donde estaba.

 

Había basura en la playa porque nadie pasa por ahí. Cogió una tabla, se entablilló el brazo con una red, fabricó un brazo-remo y con un corcho se lo ato a las piernas para que flotara y se adentró en el mar. Todo esto tumbado y arrastrándose con los codos.

“Decidí que prefería vivir. Me he dado cuenta que lo único que tenemos en nuestra vida son nuestras decisiones. La decisión de vivir me correspondía a mí aunque tuviese que pagar el precio de morir. Sobrevivir es esperar a que algo externo ocurra. Nos pasamos la vida esperando a que algo pase y no tomamos nuestras decisiones y eso es sobrevivir. Vivir es tomar nuestras propias decisiones cueste lo que cueste“.

Lo más curioso de todo, es que cree que sobrevivió por aceptar su situación, más que por luchar contra ella, lo cual casi hizo que se ahogara en el intento.

Álvaro se dio cuenta al contar su historia, que era una de aquellas que marcan un antes y un después. Sus amigos le decían cosas como: voy a dejar mi trabajo, voy a regresar con mi novia. Decidió que merecía la pena escribir un libro, y poco después un director de cine lo llevó a la gran pantalla.

Así lo cuenta él:

Álvaro ha encontrado un propósito para su vida: inspirar a otros para que, desde su cotidianidad, encuentren el suyo propio.

Og Mandino dice en el primer capítulo de su libro “La Universidad del Éxito”, que el primer factor constante del éxito es el propósito. Debemos saber que en lo que sea que hacemos, estamos avanzando hacia una meta. Mientras tengamos una meta, sentiremos que nuestras energías y pensamientos creativos nos están llegando a alguna parte, y que hay satisfacción en el viaje de la misma manera que hay desesperación cada vez que sentimos que no estamos “llegando a ninguna parte”.

No todos nos vemos enfrentados de una manera tan radical con una falta de propósito. Pero cada uno de nosotros ha atravesado momentos en los que la vida nos parecía vibrante y  viva porque íbamos a  alguna parte, y otros en los que todo nos parecía deprimente porque la vida era como una señal al final de la carretera que dice “carretera cerrada”. Para conseguir el éxito hay que tener un propósito; de lo contrario, aunque podemos vegetar con éxito, no podremos vivir con éxito.


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Sobre el paso del tiempo y los propósitos de año nuevo

enero 2, 2020

Es una verdad a gritos: cuanto más pasa el tiempo, más parece acelerarse. Si tienes la suerte de guardar recuerdos de la niñez seguramente te acuerdes de lo largos que se hacían los veranos. Una vez entras en el agitado periodo de la adolescencia, los meses y años todavía parecían mantener un compás lento. Y para cuando pasas la veintena ya puedes aprovechar, que en un soplo llegan los 30, los 40 y los 50.

Así es la vida. Pasa tan rápido que ni siquiera somos conscientes, y mucho más en un mundo hiperconectado en el que lo que sucedió ayer ya parece formar parte de un pasado remoto. La ciencia ha dado respuesta a esta sensación tan amarga a partir de una ley matemática descubierta en 1834 por Ernest Weber, pionero de la psicología experimental. Se trata de una función logarítmica que atiende a dos variables: la intensidad y la sensibilidad.

Los diez primeros años de vida de un niño pasan lentamente debido a que todavía no está acostumbrado a ese concepto relativo llamado “tiempo”, el cual establece una división a partir de segundos, minutos, horas, días meses y años. Pero a medida que va pasando, cuerpo y mente se van acostumbrando a este sistema métrico.

Adrian Bejan, profesor de ingeniería mecánica de la Universidad de Duke y autor del estudio, sugiere que nuestra percepción de las experiencias vitales puede verse alterada a medida que envejecemos, ya que el cerebro necesita más tiempo para procesar nuevas imágenes mentales. Antes, cuando éramos más jóvenes, el cerebro es capaz de adquirir muchísima más información en menos tiempo, lo que producía la sensación de que los días pasaban más lentos.

Toda esta introducción, para decir que el 2019 se me ha pasado volando. Miro atrás y pienso ¡buf, menudo viajecito! Hoy, como cada año, hago balance para capitalizar experiencias y clarificar lo que quiero para mi futuro. ¡Porque el tiempo vuela y no vuelve atrás!

No voy a compartir mis objetivos personales porque no quiero que pierdan fuerza, pero si comparto mis propósitos, por si a alguien le sirven de inspiración:

 

  • Establecer un “objetivo madre”, un filtro por el que pasar cualquier decisión u objetivo. Como decía Covey, “poner primero lo primero”. En mi caso, el objetivo madre es mi paz interior. Si algo no me da paz, por más que pudiera aportar otros valores a mi vida, ¡fuera!

 

  • Alejarme de personas y emociones negativas y equilibrar el dar y recibir en mis relaciones. Alejarse de aquello que hace daño es un paso imprescindible para cuidar de uno mismo. Si mantienes relaciones tóxicas o tienes en tu círculo más cercano a personas que te transmiten negatividad, tienes que marcar distancia y ponerles límites. Es bastante difícil cuidar de uno mismo si nos rodeamos de personas que se dediquen a tirar por la borda nuestros esfuerzos por alcanzar el bienestar. Esto incluye así mismo las relaciones en las que siento un claro desequilibrio. Si de repente me encuentro con que siempre escribo o llamo yo, si siempre soy yo quien propone vernos, y el otro me da largas o no toma de vez en cuando la iniciativa, se acabó. Me encanta la conexión y compartir mi tiempo y energía con la gente que aprecio. Pero si no tienen el mismo interés que yo, a otra cosa mariposa.

 

  • Hacerlo todo con amor. Con perdón de la expresión, hasta “mandar a la mierda” con amor. Si tengo ira o rabia la canalizo de otras maneras. Si una persona me ha hecho mal, esa persona lo sabe, y yo también lo sé. Pero si ha estado en mi vida seguro que me ha aportado cosas positivas. Me quedo con eso, se lo agradezco, y lo “malo” se queda atrás. Creo absolutamente en la ley del karma: si has mentido, manipulado, si has sido deshonesto, o has maltratado de cualquier forma a otro ser, en algún modo lo pagarás. Por tanto, si me han hecho daño, cierro el ciclo y dejo que el universo juegue su papel de dar equilibrio. Esto lo he visto en funcionamiento una y otra vez. Así que aunque a veces me animen a ser más agresiva en los cierres, duermo mejor si sé que actúo desde el corazón.

 

  • Buscar un momento de relajación cada día. Llevamos un estilo de vida en el que “nunca tenemos tiempo”. En parte, esto es cierto, pero el tiempo es un recurso que se “quita” de un sitio y se “pone” en otro. Con lo cual, para cuidar de mí misma voy a seguir siendo radical en mis momentos diarios de relax y desconexión. Escribir mi diario, agradecer a la vida, respirar tranquilamente, ponerme unas gotas de aceite de lavanda en las muñecas para relajarme y estirarme un rato es una rutina nocturna que me sienta fenomenal.

 

  • Hacer las cosas que me gustan. En mi caso incluye leer, escribir, salir a la montaña, hacer yoga, acercarme al mar siempre que pueda, viajar, pasar tiempo con mi hija y mis amig@s, y una nueva pasión descubierta que es preparar platos sanos, ricos y con muy buena pinta!

 

  • Incluir la risa en mi rutina. Recurre a aquello que te haga reír: una serie, películas, un programa de radio o monólogos, da igual lo que sea… siempre y cuando te haga conectar con tu sentido del humor. El impacto que tiene buscar la risa cada día es muy positivo y se nota en el estado de ánimo. Sé proactivo y acércate a lo que te haga reír. Mi propósito es convertir en cómicas al menos 3 situaciones al día. Y además, he descubierto que si le doy la vuelta a las situaciones que me resultan desagradables y las cuento como si fuese un cómico que se ríe de ellas, pierden su intensidad y me resulta una actividad súper terapéutica.

 

  • Escuchar a mis necesidades como persona. Antes que nada, conecto con mis necesidades, escucho lo que  me apetece decir o hacer y soy fiel a mí misma. Esta será una de las mejores maneras de cuidar de mí. Obviar mis necesidades y priorizar siempre el bienestar de los demás puede ser lo más fácil de hacer en el momento, pero a largo plazo me pasará factura. Se trata de dedicar tiempo a pensar en cómo me siento, qué quiero, qué es importante para mi y cómo puedo satisfacer esos aspectos. Como soy impulsiva, a veces tomo decisiones precipitadamente. Ese es mi trabajo principal, y entretanto estoy aprendiendo a decir no antes de que sea demasiado tarde. A cancelar un plan si no me apetece, a rechazar una invitación a salir si me apetece estar tranquila en casa, a no querer algo medio bueno si no es suficientemente bueno para mí.

 

Y todo esto, espero que suponga la clave de mi éxito en términos de tener un año que, por más rápido que pase, me resulte nutritivo, satisfactorio, coherente con mis valores, tranquilo y bonito.

¡Feliz 2020!

 

(Fotografía de César Sánchez Cano)

Leer las señales

diciembre 15, 2019

Están por todas partes. El universo te habla y lo entiendes cuando lo escuchas. Esta parte de mí a muchos les suena un poco “friki”. Pero no me importa. Soy todas las contradicciones posibles. La razón y la fe. La locura y la cordura. La seriedad y la cordura. El rápido y el lento. El dentro y el afuera. La alegría y la tristeza. El todo y la nada. Las mezclas me hacen comprensiva, inclusiva y tolerante. Y feliz.

Hablar el lenguaje del universo es un ejercicio y es un arte. Requiere intuición, prestar mucha atención y restar peso a tus deseos y creencias. Para “Un curso de milagros”, el milagro es un cambio de percepción. Ese cambio puede llegar de cualquier parte.

Viendo en Netflix una de esas películas tontorronas, medio romanticonas y súper navideñas (El calendario de Navidad), he sabido leer que a veces interpretamos las señales para darles el significado que queremos, en lugar de escuchar lo que realmente nos quieren decir, y eso nos impide ver la verdad.

Durante este año, he practicado mucho la “expiación” y la “santificación”. Sí, lo sé. A mí también al principio me sonaban “demasiado religiosos” los términos. ¿Qué significan? El primero, consiste en pedir la percepción correcta de una situación. El segundo, pedir que esa situación o relación la gestione el Amor (o Dios, o el Universo, o la Fuente, o llámalo equis). Porque una situación gestionada por el Amor traerá lo mejor para las partes, que puede no ser justo lo que a priori deseas.

Ha resultado un poco necio pedir la santificación de una situación o relación y luego ponerle una expectativa. Se me olvida eso de que los planes del universo son siempre mejores que los míos. Pero claro, una mujer perseverante y cabezona a veces tiende a aferrarse irracionalmente a lo que no le conviene sin saberlo.

Se habla mucho de soltar lo que duele y a veces no lo soltamos por miedo. Este año he vivido en mi entorno un montón de ejemplos en los que soltar ha sido una bendición, y aferrarse ha sido un infierno. Aunque hay que tener la claridad para discernir lo que merece la pena la lucha, y lo que merece la alegría la renuncia.

IMG_6560Nunca sabes qué es lo que te hará soltar. A veces vences las resistencias más fuertes, y de repente el hilo se rompe con el detalle más pequeño. Pero quizás esa pequeñez es suficiente para un hilo desgastado por largo tiempo.

Y, ¡Oh, sorpresa!, te sueltas y crees que vas a caer y un segundo después aparece ante ti un mundo nuevo. Una sorpresa, una ilusión y una promesa. Cuando menos te lo esperas, ¡bum! todo cambia, porque todo llega. Coges las riendas y la sonrisa vuelve a ser la dueña de tu vida.

El universo se sincroniza. Tiene un regalo para ti. Está a la vuelta de la esquina pero antes tienes que hacer clic. Tienes que vibrarlo, atraerlo, ponerlo al alcance de tu mano, dar el salto al vacío estando totalmente segura de que no caerás. Justo cuando empezaba a sentir el vértigo, han llegado los brazos perfectos para sostenerme e iniciar un camino nuevo.

¿Un regalo de cumpleaños del universo?, ¿Un patente cambio de ciclo?, ¿Una aventura de año que entra? ¡Y qué más da lo que sea, mientras sea un augurio de todo bueno!

(Fotografía de César Sánchez Cano)

De piedras y diamantes

diciembre 9, 2019

Me inspira la vida. Me inspiran las personas, las situaciones, las experiencias, los lugares, los libros, las imágenes, las frases. Me inspira la naturaleza: el mar, las nubes, el sol, la luna, las estrellas, las montañas.

Hoy he leído: “Cuidado, no te vayas a perder un diamante mientras te entretienes cogiendo piedras”. Y eso que hay piedras preciosas. Brillantes, de colores y formas sinuosas.  También hay circonitas, que parecen diamantes, pero no lo son.

El diamante es el material más duro que se conoce (en realidad no es el diamante, sino el grafeno, pero ese no es tan “conocido”). El diamante es tan duro porque su composición es más sólida que la de otros materiales, es decir, sus átomos de carbono se agrupan mediante enlaces dobles, los cuales refuerzan las forma cúbica de sus moléculas.

Un diamante es un trozo de carbón que fue sometido a una presión y temperatura extrema.

IMG_6716Con las personas pasa igual. Hay personas cuya composición es más sólida que la de otras. Por su bondad, por su coherencia, por sus valores, por su capacidad de amar, por su alegría, por su franqueza. Nada tiene que ver su belleza externa, sino la solidez de sus enlaces, su elevado nivel de conciencia.

Elige bien de quien te rodeas. Elige con corazón y criterio a tu pareja. Asegura que tus amigos te nutren o pliega velas.

Un libro de Jorge Bucay se titula: las 3 preguntas. ¿Quién soy?, ¿A dónde voy? y ¿Con quién? Cuando amanece cada mañana recuerda quién eres, cuál es tu mayor objetivo en la vida, para que no te entretengas, y qué tipo de gente quieres que te acompañe en el camino. Es tu hoja de ruta, ¡no te me pierdas!

Necesitamos amar

noviembre 26, 2019

El Amor es el estímulo más profundo y poderoso de nuestra existencia. Todo lo que hacemos y todo lo que somos está, de forma sana o insana, promovido por nuestra necesidad fundamental de amar y de ser amados. Nacemos y vivimos, aun sin saberlo, desde el Amor, por el Amor y para el Amor. Sin embargo, tras siglos de descuidos y engrandecimiento de la ignorancia, lo trascendental parece haberse relegado al olvido, hasta convertirse en una gran excusa para la queja, para la ansiedad, para la mendicidad emocional y para la frustración.

IMG_6676Después de tiempos aciagos en los que la humanidad parece haberse empeñado en alejarse de su centro primordial, después de siglos de chantajes emocionales y de sembrar imposibilidades en lo que al amor se refiere, llegamos a un presente en el que tenemos que rescatar ese amor de entre todos los venenos que nos han mantenido, de una u otra forma, enajenados y alejados de él.

Pero a pesar de nuestros tropiezos, el Amor sigue siendo nuestro motor de vida, nuestro propósito primero y último, nuestro centro gravitacional y nuestra razón de existir. Es nuestra responsabilidad desintoxicar nuestra mente, nuestras emociones y, sobre todo, nuestro inconsciente, para sanar nuestro corazón.

 

El Amor es el objetivo y también debería ser el camino hasta alcanzarlo… o hasta recordar que siempre hemos permanecido en él, mientras él habitaba en nosotros.

Escondido tras traumas, heridas y amnesias, habita un insano adiestramiento heredado generación tras generación que, como una pesada carga o un sádico castigo, nos “obliga” a olvidarnos de que si no sentimos de forma profunda y consciente el Amor hacia nosotros mismos no podremos alcanzar el anhelado tesoro del Amor real. Mientras no recordemos conscientemente que merecemos amarnos, gastaremos nuestro tiempo y nuestra energía en mendigar sustitutos que en ningún caso nos aportarán paz o plenitud.

Estamos a tiempo. Somos capaces de sacudirnos el conglomerado de siglos de enfoque inadecuado hasta redescubrir, bajo todas esas capas de noes, incoherencias y falta de permisos, lo único fundamental: el Amor.

Una existencia vacía e inútil es aquella que ha transcurrido con las puertas y las ventanas cerradas al Amor. Cuando anulamos el Amor de la ecuación de nuestras vidas, lo demás puede cargarse de importancia, pero en ningún caso de sentido.

Necesitamos amar porque al amar, al permitir que esa energía preciosa nos inunde y se expanda, al mirar a otros con los ojos del Amor, podemos recordar y podemos sentir que, independientemente del papel que nos esté tocando desempeñar y de las heridas que no estemos sabiendo sanar, somos preciosos y dignos. Necesitamos amar, porque al permitirnos contemplar desde el corazón, comprendemos todo lo que no es comprensible desde la razón y dejamos de juzgar. Y necesitamos Amar porque, cuando no lo hacemos, la magia de la vida pasa desapercibida ante nosotros mientras nos arrastramos vencidos por el esfuerzo que supone cualquier intento de sobrevivir sin Amor.

(Del libro “Regresa a ti”, de Virgina Blanes. Fotografía de César Sánchez Cano)